La fotografía de la izquierda retrata cambio: revolución. La mirada, el porte y la actitud de un joven que ve nacer un nuevo siglo (el retrato está fechado en 1902) y que presagia tiempos nuevos y mejores que están por venir.
Miradas así se dan muy pocas veces cada muchos años y siempre pertenecen a personas dispuestas a darlo todo por la idea. Fascinan por la rebeldía destructiva inherente a todo valor revolucionario: destruir lo viejo, construir lo nuevo, resistirse al poder... Son seres tan admirados como temidos, porque todos sabemos que su fanatismo les mueve a colocar la bomba y empuñar el fusil como si no tuviesen nada que perder, como si no importase una Historia capaz de juzgar sus acciones, como si no hubiese ayer ni hoy sino mañana; un mañana que quizás ellos no vivirán pero que hay que empezar a construir hoy. Gente así hizo caer el feudalismo, construyó la democracia, erradicó la esclavitud... pero también personas así provocaron los totalitarismos y genocidios del Siglo XX.
El protagonista de esta fotografía representa bien las glorias y las miserias del revolucionario. Aquel individuo que arriesga su vida en la vanguardia de la revolución y que consigue construir un sistema más justo y mejor. La persona que desconoce qué significa dormir tranquilo hasta la primera noche después de que triunfe su revolución, y que a la mañana siguiente se despierta siendo conservador. El luchador sin nada que perder convertido en estadista, en clase dirigente con todo por conservar. El guerrero que deja la dinamita y el sabotaje y empieza a estampillar membretes en papeles del Estado.
Su historia arranca con un siglo que nace y con el proyecto de un mundo nuevo y mejor que brilla en sus pupilas. Lamentablemente su viaje acaba con su imagen convertida en monumento oxidado y pisoteado; en una alegoría de dictador anquilosado que sonríe cínicamente tras su poblado bigote mientras se regodea en su propia carcundia. Monigote que no llega ni a caricatura de lo que un día fue.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Revolucionarios
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domingo, 8 de noviembre de 2009
Piratas
Secuestros marítimos como el del pesquero Alakrana han reavivado en la esfera pública una realidad incómoda y desconocida hasta ahora: la piratería del S.XXI. La piratería es un fenómeno que históricamente define comunidades que vivían al margen del Estado y sus normas en el S.XVI, y que por tanto eran calificadas de delincuentes por los poderes estatales. Yo diría que se trata de una especie de protoanarquismo, de un proyecto de vida basado en la ausencia de ente estatal que sólo era posible en los espacios de la tierra que no pertenecían -de una forma u otra- a un Estado: los mares y los territorios remotos sin colonizar (como las míticas islas donde estos hombres y mujeres instalaban sus refugios y escondían sus botines).
El fenómeno a día de hoy, año 2009, no es tan diferente. Los piratas que secuestraron el Alakrana (y otros muchos barcos) operan en alta mar, en aguas internacionales, y se refugian en Somalia, un país que encabeza la lista de los "Estados fallidos", es decir, Estados que sólo son tales nominalmente ya que en la práctica son incapaces de aplicar las leyes sobre todo su territorio y de ejercer exitosamente el monopolio de la violencia física legítima, que diría Max Weber.
La piratería, connotaciones de la palabra aparte, solamente define actividades que se desarrollan al margen de la Ley, en el caso de los piratas somalíes, de la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar. La Ley es propia de los Estados, y en sociedades sin Estado no puede haber Ley, por lo que la calificación de "pirata" es totalmente relativista: "piratas" según España, "piratas" según Europa...
Parece claro que la mejor forma de erradicar esta piratería sería la consolidación de un Estado en Somalia que dictara y ejecutara leyes contra este tipo de delincuencia en sus aguas y en su territorio. No obstante, resulta paradójico que la ausencia de poderes estatales que ha favorecido la piratería también ha facilitado que pescadores occidentales esquilmen de atunes las aguas del cuerno de África sin ningún tipo de regulación y forzando a los pescadores autóctonos a cambiar su forma de ganarse la vida (por ejemplo, mediante la piratería).
Es algo parecido a lo que sucedía y sucede en la costa gaditana: modernísimos barcos pesqueros japoneses se llevaron los atunes y desmadejaron las almadrabas tradicionales, una de las causas de que muchas familias de municipios como Barbate reconvirtieran su actividad, pasando a pescar alijos de narcotráfico en las aguas del Estrecho.
Para nosotros -europeos, españoles- con la Constitución y las leyes en la mano estos negritos "muertos de hambre" son piratas, pero tal vez para ellos, los pescadores vascos que fueron a llevarse los atunes -burlando leyes que Somalia no fue capaz de aplicar- también son piratas (palabra que, por cierto, viene del griego πειρατής, "yo intento, me aventuro"). Como ya dije, se trata de un término muy relativista: Sir Francis Drake era un pirata para la Corona Española y un caballero para la Reina de Inglaterra. En todo caso, las palabras a veces tienen significados y connotaciones muy relativas.
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domingo, 14 de diciembre de 2008
Los hombres que hacen posible la democracia en España


Comic: Giménez
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lunes, 27 de octubre de 2008
Alejandro Lerroux, ese revolucionario
ALEJANDRO LERROUX (1906)

Quien escribió este texto, Alejandro Lerroux, fue uno de los principales líderes de la derecha en los años 30. Éste líder político comenzó en Unión Republicana -germen del republicanismo español- más o menos en la época en la que publicó esas palabras en la prensa. Durante los años 30 tuvo un enorme protagonismo, pues fue Presidente del Gobierno de la República Española durante el bienio radical-cedista. Entonces ya era el máximo dirigente del Partido Radical, un partido conservador, de centro-derecha, aunque republicano.
Al comenzar la Guerra Civil se exilió, aunque regresó a España una década después. La dictadura franquista lo acogió con los brazos abiertos y hasta el final de su vida fue considerado un distinguido prócer del régimen. En aquellos años no se estilaba la memoria histórica.
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domingo, 11 de mayo de 2008
¿Cómo influyó la gastronomía de la Hispania romana en la cocina española contemporánea?
Es importante aclarar, en primer lugar, que la cocina española no existe como una realidad uniforme. Hay una variedad gastronómica tal que no tiene mucho que ver la forma de comer en Galicia –por ejemplo- respecto a Andalucía. Aun así, para este ensayo se entenderá como cocina española la adaptación de la cocina mediterránea en nuestro país, sobre todo en su variante más meridional. Así pues, se entiende que las características comunes de la cocina española son el uso generoso del aceite de oliva, el sofrito de cebolla, ajo y pimiento como base principal de buena parte de los platos, el papel protagonista del pan y el vino en la mesa, los alimentos fermentados (queso, vino, yogur...) y la comida entendida como un acto de socialización y no solo como una necesidad vital.
Así pues, como idea general se puede apuntar que prácticamente todos los ingredientes de la dieta mediterránea son herencia de la dominación romana de Hispania, aunque la filosofía de nuestra dieta contemporánea es diferente. Las costumbres culinarias romanas se caracterizaban por la glotonería y desmesura a la hora de comer. Esta actitud se perdió en España con el cristianismo, que reivindicaba la sobriedad en las costumbres, y concretamente en la mesa consideraba la gula un pecado capital. Por eso se entiende hoy que la cocina mediterránea es parca (al menos en su vertiente europea cristiana, como España). No obstante, en los países del Magreb, que también se basan en la dieta mediterránea, las raciones son menos frugales, lo que responde a una herencia más directa de los banquetes romanos, no tamizada por la influencia del cristianismo.
Otra diferencia de la cocina española respecto a la romana es que en España la mezcla de sabores es tabú, aunque en los últimos años algunos cocineros de vanguardia reivindiquen la cocina de fusión. Los romanos gustaban de mezclar sabores (lo dulce con lo salado, lo agrio con lo picante...); un hábito que se perdió luego en España por influencia del judaísmo -y en menor medida el cristianismo-, que considera impuro mezclar cosas diferentes (por ejemplo, para los judíos ortodoxos es considerado como pecado mezclar lino y algodón, de la misma manera que lo es mezclar sabores dulces y salados). Así pues, alimentos populares romanos –que combinaban miel y dátiles con mostaza y sal- han desaparecido completamente de la cocina española contemporánea. No obstante, en el mundo islámico, donde la mezcla no es tabú, esta herencia sigue presente. En el Magreb –y por poner un ejemplo- es popular la “pastela”, una receta que combina canela, miel, azúcar... con carne, sal... En las diferentes recetas del cus-cus tampoco es infrecuente la mezcla de lo dulce y lo salado (e incluso lo picante).
Otra circunstancia que explica la divergencia de la gastronomía en la Hispania romana con la actual fue la caída del Imperio, que cortó las relaciones comerciales de la península con otras provincias romanas tradicionalmente conectadas. Con esto se terminó con el abastecimiento de avíos importados de otros territorios -como las avestruces- mientras que algunos ingredientes de origen extranjero se quedaron para siempre. El último factor fue la incorporación de nuevos alimentos a la cocina española tras el descubrimiento de América. Así pues, hortalizas como el pimiento, el tomate y la patata son ya típicas de nuestra cocina, pero obviamente no se consumían durante la dominación romana.
A pesar de todas las diferencias de la gastronomía romana con la cocina española de hoy, todavía son más las semejanzas como se verá a continuación. Casi todas las referencias a la cocina del Imperio Romano nos vienen gracias a la obra de Apicio, gastrónomo romano del siglo I , autor del libro De re coquinaria. Así pues, gracias a este autor se conoce la existencia de un alimento típicamente hispano, que luego se extendió a todo el imperio. Se trata de la “salsa Gárum”, un condimento típicamente fenicio, que se documentó por primera vez en la ciudad de Sexi (Almuñécar), aunque los expertos piensan que pueblos originarios de la península y anteriores a los fenicios ya lo conocían. Lo que nadie niega es que fue con los romanos cuando alcanzó su máxima dimensión. El Gárum llegó a ser un condimento de lujo durante el imperio, pero en los primeros momentos era un alimento habitual entre los soldados, pues tenía un alto poder energético y nutritivo y soportaba el paso del tiempo sin estropearse (al ser un alimento deshidratado). Una variedad del Gárum típicamente hispana –y muy apreciada en Roma capital- era el Garum Sociorum (Gárum de los aliados) que se elaboraba en el asentamiento gaditano de Baelo Claudia y se elaboraba como el Gárum típico (tripas de atún deshidratadas con salmuera) pero añadiéndole aceite, sal, pimienta, cilandro y cebolla.
El Gárum se elaboraba en instalaciones como estas de Baelo Claudia (Tarifa)La receta del Gárum sobrevivió en la península hasta la Edad Media, pues seguía siendo popular durante el emirato de Al-Andalus. En el mundo islámico existen todavía hoy alimentos parecidos, mientras que en la España cristiana esta herencia es más débil. Aun así, todavía se encuentran ciertos pescados deshidratados y desecados como la “mojama”, conocida también como “jamón de atún”, muy popular en localidades costeras meridionales de nuestro país.
Otra de las señas de identidad de la gastronomía española que encuentra su origen en la época romana es la cultura del olivo. Este árbol, típicamente mediterráneo, se explotaba en Hispania por su aceituna y su aceite. En la Roma Imperial la aceituna se usaba como alimento, y el aceite se valoraba más por sus propiedades terapéuticas y como líquido de conserva, aunque no se excluía de múltiples recetas de cocina. El uso del aceite de oliva como grasa vegetal para cocinar es sintomático de la sedentarización de la sociedad romana. Los pueblos bárbaros nómadas –tanto del norte como del sur- usaban la mantequilla, de origen animal, para freír. Esto se explica porque viajaban continuamente con sus rebaños y solo podían abastecerse de los animales. En Europa todavía es más frecuente el uso de la mantequilla frente al aceite a la hora de cocinar.
La influencia romana es todavía notable hoy en la naturaleza del vino español. Los romanos fueron quienes comenzaron a cultivar la vid en Hispania de forma controlada (antes, estas plantas existían pero crecían silvestres). A los romanos les gustaba el vino dulce, de hecho, solían mezclarlo con miel para dulcificarlo. De la misma manera, fueron los inventores de la enología, con el fin de mezclar diferentes variedades de uva y así lograr caldos más dulces. Después de siglos de experimentación, la consecuencia es que hoy en día en las regiones que antiguamente estuvieron muy romanizadas son populares los vinos dulces (por ejemplo, derivados de la Uva Moscatel, como el Jerez), mientras que en el norte de España, o en países menos romanizados como Inglaterra, se estilan vinos más amargos (como el Rioja).
Como conclusión, se puede decir que la cocina de la Hispania romana influyó en la cocina española de hoy más de lo que popularmente se cree. No se ha hablado de la herencia de las legumbres, muy populares hoy, que los romanos usaban generosamente en sus platos; ni tampoco de su gusto por la caza menor respecto a la caza mayor. Sería muy interesante analizar por qué en regiones más meridionales y romanizadas se sigue apostando por el conejo, la liebre, la perdiz... mientras en las provincias centrales y septentrionales –más influenciadas por los pueblos bárbaros- lo tradicional es el ciervo, el jabalí, el venado... Tampoco se ha explicado lo ritual del acto de comer, entendiéndolo como un proceso de socialización, que sigue muy presente en la cultura española de hoy. Todo esto, sin duda, sería materia para un texto mucho más profundo y extenso.
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domingo, 4 de mayo de 2008
2 de mayo: ¿Nacimiento de una nación?
Estos últimos cuatro días, con motivo del bicentenario, los poderes públicos están celebrando numerosos actos conmemorativos de la efeméride del 2 de mayo. Como es habitual dentro de la clase política, esta fecha se ha utilizado para manipular y tergiversar la historia. Esto es -al menos- como lo percibo yo desde Madrid, aunque imagino que ocurrirá algo parecido en otros lugares. Una actitud que se está viendo estos días es que la fiesta del 2 de mayo se está convirtiendo en una algarada patriotera, una especie de excusa para gritar "España" por las cuatro esquinas y llenarse la boca con el himno nacional.
Aquí, desde el cortijo televisivo de la condesa, se está gestando una serie llamada "2 de Mayo de 1808: el nacimiento de una nación". Aunque por lo general me parecen interesantes los programas dedicados a la divulgación histórica, por el título y los avances que pasan de vez en cuando por televisión me atrevo a asegurar que este espacio televisivo va a ser toda una patraña histórica. Me atrevo a vaticinar toda una trama de aventuras y heroicidades, con un sesgo españolista de los protagonistas del momento (Manuela Malasaña representada como heroína sacrificada por Dios y por España; una Regina Otaola decimonónica).
¿Fue el levantamiento popular del 2 de mayo una afirmación de la Nación Española?. Yo diría que no. La Nación Española de entonces -representada por los Borbones- se encontraba cómodamente en suelo francés, traicionando a los súbditos españoles (que todavía no se podían considerar ciudadanos). Asegurar que quienes se levantaron en Madrid contra el invasor francés lo hicieron por una conciencia nacional de España es, como poco, una manipulación histórica.
Los resistentes actuaron por su cuenta (ya que salvo excepciones, el ejército nacional y el clero se pusieron de parte de los traidores, como es habitual en la historia de nuestro país). Quienes combatieron las tropas napoleónicas lo hicieron desde el instinto pragmático de quien asiste a como un ejército imperialista irrumpe en casa para acabar con lo uno es. No hay patriotismo alguno en esa conducta, sino acaso, un apego por la forma de vida propia (absolutista, según la realidad de la época).
Es peculiar que 200 años después Napoleón siga siendo "el malo", pero Fernando VII pase a ser "el bueno" oficial. ¿Qué tiene que agradecer hoy España al "Rey Felón?, ¿al personaje más abyecto y traidor de la historia de este país?. Ciertamente, un rey que "ganó" la Guerra contra Francia mientras vendía este país a trozos y que luego "premió" a los resistentes con represión absolutista. ¿Es esa la idea que Esperanza Aguirre y sus acólitos tienen de España?, ¿es ese el "patriotismo leal" que nos exige hoy el PP?
De aquella época, prefiero quedarme con las Cortes Constituyentes de 1812. De aquel grupo de liberales que se atrevieron a empujar a este país por la via de la modernidad, sin aceptar la invasión de los "fanfarrones" (que se no pudieron atravesar la orilla del caño de Sancti Petri) y que luego fueron perseguidos por quienes vendían España a Napoleón (y aun así, han pasado a la historia como "los españoles de bien").
Para terminar, a modo de curiosidad, esta efeméride es interesante para recordar que fueron los habitantes de la Villa de Madrid quienes inventaron la "kale borroka", entendiéndola en su faceta más heróica y legítima (prescindiendo de la cafrada que la caracteriza hoy en las regiones "euscalerríacas"). La conclusión es que no hay nada nuevo bajo el sol...
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domingo, 20 de abril de 2008
En defensa de la III República
El pasado lunes, 14 de abril, se cumplió una efeméride muy especial que fue la proclamación en España la II República. España entonces salía de una dictadura, representada por la institución monárquica, y por primera vez desde el Sexenio Democrático empezaba a tomar las riendas de su propia historia. “Ahora es el turno del pueblo”, ese era el sentimiento más generalizado entre la población. Masas de trabajadores, estudiantes, intelectuales… los represaliados por la dictadura, los que tradicionalmente se mantuvieron marginados de la vida política española irrumpieron de la noche a la mañana en las páginas de la historia; eso sí, de la forma más ejemplar y civilizada: sin emplear en absoluto la violencia. Desde los socialistas republicanos a los liberales krausistas (no confundir con los falsos liberales de hoy), todos trabajaron por una España mejor.
Sería repetitivo repasar por qué fracasó la república. Como un número de militares sediciosos, aliados con la derecha más feroz y antidemocrática, reventaron el derecho de ciudadanía de todo un pueblo para sumergir a este país en uno de los periodos más oscuros y humillantes de su historia.
Hoy por hoy, con la monarquía demócrata que disfrutamos -por la Gracia de Franco- existen personas que todavía nos vilipendian por reivindicar la Tercera. Tenemos los ejemplos recientes de "todólogos" de esos que protagonizan los debates de televisión, que se atreven a calificar como “anacrónicas” las posiciones republicanas; por no hablar de quienes obsequian a los telespectadores con soflamas revisionistas, la última moda de la derechona, que ahora también pretende imitar la "izquierda", banalizando este periodo de la historia.
Resulta lamentable que todavía hoy haya quien trata de justificar la sublevación militar contra la república, y poner al mismo nivel a los represores y a los reprimidos (cuando no despreciar directamente a estos últimos). Resulta lamentable que algunos se empeñen en disfrazar la historiografía franquista de toda la vida (vendiéndola como algo nuevo), pero sin decir ni pío sobre los crímenes de la dictadura. Y desde luego, es cuanto menos contradictorio llamar “anacrónica” a la experiencia republicana.
Anacrónico podría resultar que todavía hoy existan calles y plazas con nombres de fascistas, o que aun se enseñe religión en las escuelas como una asignatura más (eso no sucede en Francia ni en los colegios religiosos). Pero más evidente: ¿Puede existir algo más anacrónico que la designación familiar y con carácter vitalicio del jefe del Estado?
El 14 de abril fue la expresión de una voluntad de cambio, y eso es precisamente lo que se debe resucitar hoy. Entonces se pretendía salir de aquella sociedad gazmoña, beata y decadente, se pretendía dejar atrás la incultura y el atraso de España y llevar a cabo el proyecto regeneracionista. Hoy sigue siendo necesario el cambio.
Ya no hay crisis finisecular ni dictadura primorriverista; pero si existe un estado autonómico imperfectamente construido. Tampoco existe la amenaza fascista, pero si un avance peligroso del neoliberalismo, que amenaza nuestra frágil democracia y nuestro débil Estado Social de derecho. En definitiva, existe una sociedad cada vez más hastiada de la política y del sistema, que exige en silencio entrar definitivamente en la historia.
España mañana será republicana, es indudable. Cuando España viva su nueva primavera de los pueblos, cuando la sociedad afronte la tarea de regeneracionismo con la Tercera República, nos encontraremos con las mismas piedras que se encontraron otros entonces. Pero hemos aprendido; podremos apartar las piedras a la cuneta, de la cual habremos rescatado previamente la memoria. Sin obstáculos, avanzaremos unidos por el camino del progreso.
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sábado, 15 de marzo de 2008
Ruido de sotanas en un colegio electoral
El ejercicio de hoy no es complicado. Una de estas fotografías fue tomada por el fotoperiodista español Agustí Centelles, en las históricas Elecciones Generales del 16 de febrero de 1936. La otra instantánea es de la Agencia EFE y es de la semana pasada, de las Elecciones Generales del 9 de marzo de 2008.
El ejercicio invita a la reflexión. Los poderes fáticos son hoy tan importantes como ayer. Las sotanas rompen el silencio reflexivo de un colegio electoral con su ruido constante y sibilino, poniendo la banda sonora a una ruptura de España y la familia que nunca termina de ocurrir, tras casi un siglo de letanía.
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domingo, 25 de noviembre de 2007
A vueltas con el 20-N
Después de lo que viví en la tarde de ayer en la Plaza de Legazpi (Madrid) se me había ocurrido plantar aquí una reflexión acerca de la actuación de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, sobre todo cuando deciden responder indiscriminadamente con golpes hacia los ciudadanos que les pagan el sueldo. Pero como creo que es mucho más constructivo expresar este tipo de cosas desde la razón y no desde el corazón, esperaré unas semanas a calmar mi temple antes de cargar contra "los hombres de Paco" (con palabras, como hacemos las personas civilizadas, y no con porras y pelotas de goma).
Estamos ya dejando el mes de noviembre, y con ello la efeméride del 20-N que tanto da que hablar. Como ya se sabe, esta es una fecha muy simbólica para la derecha puesto que se cumple el aniversario de la muerte de sus dos personalidades más significativas: José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco. No obstante, el 20-N también murió alguien que a menudo se olvida a la hora de valorar el significado de esta fecha, tal y como solía decir un profesor de historia que tuve en la facultad.
El 20 de noviembre de 1936 -mientras Jose Antonio Primo de Rivera era ejecutado en Alicante por mandato de un comité popular republicano- en el frente de Madrid caía Buenaventura Durruti, herido accidentalmente por su propio "naranjero", según la mayoría de los testimonios de la época. Las semejanzas entre Buenaventura y José Antonio van más allá de la coincidencia de su muerte: en ambos casos representaban ideologías revolucionarias (anarcosindicalismo y nacionalsindicalismo), que no encajaban del todo con las motivaciones de sus respectivos bandos en la Guerra Civil. Otra coincidencia fue que ninguno de los dos creía realmente en esa guerra en la que participaban: Durruti consideraba que la rebelión militar que amenazaba la República era un asunto poco importante y que la primera prioridad era aprovechar la ocasión para acabar con el Estado y empezar a construir la sociedad libertaria. Por otra parte, Primo de Rivera redactó quince días antes de su muerte un manifiesto en el que exhortaba a los dos bandos beligerantes a sentarse en una mesa de diálogo para hacer de España "un país tranquilo, libre y atareado". Numerosos historiadores creen que La Falange y la CNT/FAI llegaron a materializar ese diálogo en favor de la paz, lo que también podría explicar por qué ambos grupos fueron aniquilados por los sectores más duros de su bando (hay hipótesis de que Franco intervino en el fusilamiento de José Antonio y que Durruti fue tiroteado por un agente del servicio secreto de la URSS).
La historia Durruti es la de un revolucionario anarquista que ocupó un lugar privilegiado en la "brecha" ya desde 1917. En los años 20 su nombre empezó a ser conocido en Barcelona por participar en la organización armada "Los Solidarios", junto con Ascaso y García Oliver, que se
dedicaba sobre todo a atracar y a organizar atentados contra el sindicalismo amarillo. El punto álgido de la CNT/FAI y del propio Durruti vino con el estallido de la insurrección militar de julio del 1936. En Barcelona, los anarquistas sofocaron a los militares, se hicieron rápidamente con el poder y mientras avanzaban contra los nacionales por Aragón practicaron las colectivicaciones de tierras e industrias, tal y como establecía la teoría libertaria. En noviembre de 1936, la Columna Durruti, en un gesto de sacrificio y entrega a la causa antifascista, cedió el poder que había conseguido por las armas al Gobierno de la Generalitat y se presentó en el frente de Madrid, donde una república en la que no creían se jugaba el tipo contra un ejército apoyado por los nazis alemanes y los fascistas italianos.
El final de Durruti ya es conocido, y el final de las milicias anarquistas sobrevino poco después, cuando la República se organizó y se hizo con el monopolio de las fuerzas armadas, obligando a los milicianos a disolverse y a encuadrarse en el ejército regular. Con la caída de Durruti -el último Don Quijote español- se dio por finalizado el periodo de utopía y romanticismo de los primeros meses de la guerra, dando paso a años de sangre y hambre, con cientos de miles de muertos, desaparecidos y exiliados; y con el triste epílogo de la dictadura franquista, que sumergió a este país en una larga noche de la cual aun no ha despertado del todo.
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sábado, 10 de noviembre de 2007
Los cinco de Atocha y la memoria del PCE
El 24 de enero de 1977 un crimen abyecto sobrecogió las conciencias democráticas de la sociedad española de la época. Aquella noche, tres pistoleros filofranquistas irrumpieron en un piso de la calle Atocha de Madrid -un despacho de abogados de Comisiones Obreras (por entonces, todavía ilegales)- y dispararon contra los sindicalistas que allí se encontraban. Murieron tiroteados Luis Javier Benavides Orgaz, Enrique Valdevira Ibáñez, Serafín Holgado de Antonio, Angel Rodríguez Leal y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco. Sobrevivieron, aunque gravemente heridos, Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz Huertas, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz, que estaba casada con Francisco Javier y perdió aquella noche a su marido y al hijo que llevaba en su vientre.
Tres de las víctimasEste trágico acontecimiento fue el último de los muchos que tuvo que sobrellevar el PCE para ganarse su legalización, mientras que a todos los partidos del espectro de centro y centroderecha (que representaban a los sectores aperturistas del franquismo) les sirvieron en bandeja la integración en el nuevo sistema político.
Esta fue la recompensa de la derecha centrista reformista para el PCE, la única organización activa de oposición a la dictadura (sin contar con ETA y el FRAP, que expresaban su rechazo a Franco con su mismo mensaje de violencia y sufrimiento). Ningún político quiso (ni quiere) reconocer los sufrimientos y sacrificios de los militantes del PCE, mientras los demás prosperaban apaciblemente al abrigo de la dictadura y tomaban posiciones privilegiadas de cara a la nueva democracia borbónica.
La última injusticia que viene sufriendo el PCE/IU cada cuatro años es el sistema de recuento electoral que les impide tener en el congreso la representación que expresan sus votantes en las urnas. En las elecciones generales de 2004, Izquierda Unida fue la tercera fuerza política en número de votos y la sexta según el número de escaños en el congreso. Con casi el 5 por ciento de los votos válidos no llegaron ni al 1,5 por ciento de diputados en el hemiciclo.
Por poner otro ejemplo de la misma injusticia, la coalición Convergencia i Unio, con un 1,63 por ciento de los votos válidos y prácticamente medio millón de votos menos que Izquierda Unida duplicó a esta formación en número de diputados.
Recordar de vez en cuando los sacrificios que hizo la izquierda por la democracia y como ésta recompensa tanto sufrimiento también es reivindicar la Memoria Histórica, aunque a Rodríguez Zapatero no le interese verlo así (y no digamos ya a los señores del Partido Popular). Quienes perpetraron los crímenes de "los cinco de Atocha" y quienes siguen empeñados en marginar a la izquierda de nuestro país no están "ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas", por citar a otro gran "salvador de la patria".
sábado, 3 de noviembre de 2007
Nueva York, agosto de 1945
Ellos no se conocían, pero el momento surgió y coincidió que un fotógrafo estuvo allí para capturarlo. La instantánea que se ve sobre estas líneas fue tomada en Nueva York el 14 de agosto de 1945, durante los festejos en conmemoración del fin de la Segunda Guerra Mundial. Ese beso fugaz y apasionado simboliza el punto final a un conflicto sangriento que se llevó cincuenta millones de vidas por delante.
En realidad, el sentimiento colectivo de excitación y alegría que se refleja en la foto fue más allá del mero símbolo. Más de 230.000 bebés nacieron exactamente a los nueve meses de aquel agosto histórico, inaugurando el "baby boom" de la posguerra
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